viernes, 20 de abril de 2018

Viaje milonguero

“El tren a Korn se encuentra suspendido indefinidamente por rieles rotos entre Burzaco y Adrogué”, anuncia el alto parlante de la estación de Temperley a las 21:30. Todos los que estaban subidos en la formación exclaman con resignación y al salir encaran rápidamente hacía Alsina para tomar un bondi que los lleve a sus hogares. La cola de la parada de colectivos llega a mitad de cuadra. Algunos corren a la parada anterior, mientras los demás se resignan a esperar en el mismo lugar. Un 79 se asoma cerca de la clínica Juncal y son poquitos los que se apresuran para llegar y tomarlo con destino a San Vicente. Muchos menos son los que van a aguantar hasta casi el final del viaje, la plaza San Vicente para ir a la milonga itinerante que se va a hacer en frente a pasitos de la iglesia del pueblo en Santana multiespacio.

El lugar está señalizado con un cartel verde casi fluorescente. De los locales que hay, es el más angosto. En su vereda hay otros carteles, pero estos son diferentes; dos monitos abrazazos sobre un fondo celeste y las letras que anuncian “Milonga Adondedé”. Al cruzar el umbral hay un pasillito que tiene un recibidor en el que nadie espera. La decoración da la sensación de estar en otra época, mucho más al escuchar el tango que sale de la puerta que separa la recepción del interior del multiespacio. Un pasillo termina y frente a él, una puerta que da al patio que está vacío porque la noche está fresca. A unos pasitos a la derecha se encuentra otro pasillo, techado, que da directo a donde sucede todo. Maniquies y diferentes objetos vintage decoran las verdes paredes.

Una puerta antigua cerrada es lo primero que se ve, al doblar y seguir un poquito más, un ventanal abierto de donde salen las luces y la música. Lo siguiente es una puerta por donde entran y salen los concurrentes y protagonistas de la noche. Los tangos suenan, ni muy altos ni muy bajos. El volumen es el indicado para poder escuchar como conversan las parejas que bailan, o intentan bailar, porque no todos son expertos en el 2x4, todo lo contrario, algunos fueron a aprender y por eso llegaron temprano a la clase que dio Lucía Rinaldi al comenzar la noche. Lo particular del sonido es que permite escuchar cómo los pies se deslizan en el piso al compas del ritmo que marcan las canciones del momento. Rinaldi es una de las organizadoras de la milonga junto a Diego Markow que desde que conoce el tango no pudo dejar de aprender y moverse en ese ambiente.

Esta es la segunda edición de “Adondedé” en San Vicente. El frío les jugó una mala pasada y no son muchos los que concurrieron a bailar y disfrutar de los violines agonizantes y los contrabajos potentes, sin embargo la cantidad no es un determinante para pasarla bien y abrazarse sin descanso. Todo lo contrario, pareciera que al ser menos el calor emana mucho más. La parada hay que bancarla sobre todo cuando “la idea es traer el tango para acá” como dice Irina, una chica que banca la movida. Irina cuenta que uno de los objetivos es que haya un festival de tango en Sa Vicente, aunque ahora recién se empieza a asentar el sonido del acordeón al lugar.

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